viernes, 29 de febrero de 2008

Colin 4

Colin percibió el amargo sabor de la sangre en su boca en cuanto recobró el sentido. Tenía nublada la mente y le dolía todo el cuerpo, pero lo que más le inquietaba era lo que acababa de ocurrir y donde se encontraba en ese preciso momento.

- Álzate - Susurró una debilitada voz
- ¡¿Quién anda ahí?! - Exclamó Colin mientras escudriñaba la oscuridad a su alrededor
- Nefestum... - Susurró de nuevo la voz.

Al oir esas palabras, Colin observó anonadado cómo se iban prendiendo teas a su alrededor, iluminando una gran habitación con una silla de madera en el centro y, en ella, reposaba el cuerpo de un anciano al que Colin atribuyó las palabras que había oído anteriormente. Era una persona de mediana estatura, con una toga grisácea, barba larga y un báculo en la mano. Parecía muy viejo, muy cansado, pero las palabras que pronunció a continuación fueron claras, concisas, bellas...casi mágicas.

- Bienvenido a Tolmulp, Colin - Dijo el anciano
- ¿Quién eres? ¿Dónde estoy? - Preguntó Colin
- Tengo muchos nombres, puedes llamarme Valadrian... y, en cuanto a donde te encuentras, ya te lo he dicho, estás en Tolmulp - Respondió Valadrian
- ¿Qué es lo que ocurre? ¡No entiendo nada! Estaba en mi habitación cuando de repente... - Habló medio atemoriazado a la vez que confuso
- Despacio, despacio... Siempre he pensado que las cosas son más sencillas paso a paso, pero dada tu intranquilidad... ¡ Dementi Momentum! - Exclamó Valadrian mientras alzaba su cayado

Colin observó como salía del báculo de Valadrian una especie de fluido plateado que poco a poco fue tornándose en una forma humana, hasta convertirse en una mujer cuya belleza sólo podía ser comparada a la de...

- Sí - Dijo Valadrian - Es una musa, ella resolverá todas tus dudas, pues ella sabe y ve todo.

La musa comenzó a hablar antes de que a Colin le diera tiempo de emitir un simple murmullo.

- Hace eones, Tolmulp apareció en el universo gracias a los soles del universo cósmico. Todo marchó bien hasta que Contandian, hermano de Valadrian, osó intentar arrebatarle el reinado a su hermano a través de una guerra que mezcló a todos los reinos, llamada la Guerra de los Raideraki, los campos más extensos del reino de Tolmulp. La guerra duró más de mil años. Con su último vestigio de fuerza, Valadrian logró vencer a su hermano renegado, encerrándolo en una prisión que nadie más que él conoce, ni siquiera yo. Los secuaces de Contandian fueron perseguidos y erradicados, pero algunos de ellos lograron sobrevivir y, hoy, se han hecho fuertes y planean liberar a su señor.
Tú estás aquí porque tienes en tus venas la sangre de los reyes, los únicos que pueden liderar Tolmulp y usar todas las armas necesarias a su alcance para eliminar el mal de ésta tierra. Con la inminente marcha de Valadrian a los Campos de los Eones, serás el encargado de tomar las riendas del poder y guiarnos a todos...

- No, no entiendo...nada... - Dijo Colin.
- El medallón era un portal, que debía activarse cuando emergiese de tu interior el poder que llevas dentro, hecho que ha ocurrido con tu puño y sus llamas... - Contestó Valadrian
- Ya... - Se ruborizó Colin
- Tranquilo, te costará asimilarlo. Ve a descansar, mañana por la mañana conocerás más sobre tu destino, sólo queda decirte que conocerás a muchas personas interesantes, maravillosos lugares en los que vivirás miles de inolvidables experiencias, aprenderás a luchar y también aprenderás el noble arte de la magia. Descansa... tu futuro está llamando ya a tu puerta... y es igual de impaciente que tú.

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