jueves, 31 de enero de 2008

Colin 3

Tras desayunar y asearse Colin bajó al patio para jugar con los demás niños del orfanato. Como siempre, Colin fue el último en ser elegido, pues su fama como jugador no era muy buena. El partido comenzó acalorado, demasiada tensión acumulada, los niños caían al suelo al paso de Jack y, Finnigan(el mejor amigo de Colin), acabó precipintándose contra el suelo. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, Colin exclamó:

- Eh, tú!- Le gritó a Jack- Tranquilízate un poco.
- A mi no me digas lo que tengo que hacer estúpido!- Fue toda la respuesta que le dedicó Jack antes de propinarle un puñetazo en la boca.

Colin sintió como su cara ardía de cólera. Se levantó dispuesto a todo, a pegarle, a hacerle mucho daño, incluso a matarle...pero en ese mismo momento sucedió algo. Colin vio como los movimientos de Jack parecían más lentos de lo normal y, cuando venía el segundo puñetazo directamente a su ojo izquierdo, Colin observó que prácticamente la mano de Jack se detenía.
Colin no lo dudó. Se agachó para esquivar el puñetazo y, situándose detrás de Jack, le dió un puñetazo con todas sus fuerzas. Para sorpresa de Colin, su puño destelleaba fulgurantes llamas de fuego. Cuando alcanzó la espalda de Jack, todo volvió a su velocidad inicial.

-Ahhhhhhhhhh!- Exclamó Jack.

Colin estaba completamente anonadado. En la espalda de Jack, podía verse un agujero del tamaño de su puño, a la vez que una quemadura que ahora sangraba profusamente.
Sin previo aviso, se produjo una explosión en los dormitorios. Todos fueron corriendo, pero Colin llegó primero y, a sabiendas de la reprimenda que iba a recibir por parte de las monjas, cerró la puerta por dentro para ganar un poco más de tiempo.
Lo que allí vio cambiaría el rumbo de su vida para siempre. En el aire, como flotando por arte de magia, se encontraba su preciado medallón. Pero era distinto, no estaba sucio como de costumbre, brillaba con excesiva luminosidad a la par que unos destellos rojos, amarillos, azules y blancos iluminaban la habitación.
Con pasos poco firmes, Colin se fue aproximando poco a poco hacia el medalón. Tres metros, dos, uno... estaba a escasos centrímetros de tocarlo hasta que...lo tocó.
La habitación se difuminó en miles de colores y un torbellino absorbió a Colin mientras éste gritaba desesperado sin entender exactamente qué es lo que estaba pasando.